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Análisis

El día que se cayeron las cuatro IA a la vez

El 3 de septiembre fallaron ChatGPT, Gemini, Grok y Claude casi a la vez. Si tu empresa ya depende de una de ellas, toca preguntarse qué pasa el día que no contesta.

Por Rubén Marqués Hecho del 4 min de lectura 2 fuentes
  • fiabilidad
  • continuidad
  • proveedores
Cuatro enchufes de pared en fila, los cuatro con la clavija fuera a la vez, y una mujer y un hombre de espaldas que los revisan con una libreta y un cable en la mano.
Ilustración creada con IA.
En esta lectura

Cuatro caídas, la misma tarde

El 3 de septiembre de 2026, por la tarde en hora española, se cayeron casi a la vez ChatGPT, Gemini, Grok y Claude 1. Cuatro empresas distintas. Cuatro infraestructuras distintas. El mismo rato sin servicio.

Xataka lo fue contando casi en directo: ChatGPT, Gemini y Grok se recuperaron mientras el redactor iba probando, y el que peor lo pasó fue Claude. Según esa crónica, la plataforma de estado de Anthropic registró una interrupción parcial de tres horas y seis minutos en claude.ai, y el artículo se actualizó a las 20:05 para avisar de que ya volvía a responder 1.

¿La causa? Ninguna oficial. Xataka lo dejó escrito tal cual: «por ahora no hay evidencias de que todos los incidentes compartan una misma causa o un punto de fallo común» 1. Y eso, que parece un final decepcionante, a mí me parece la parte importante.

Que no haya un culpable es peor, no mejor

Si hubiera aparecido un único punto de fallo —un proveedor de nube compartido, un DNS, un cable submarino— tendríamos un titular cómodo y una lección fácil: no pongas todo en el mismo sitio. Sin culpable común, la lección es más incómoda: cada una de las cuatro se cae por su cuenta, cuando le toca, y a ti te basta con que se caiga la tuya.

Días antes había pasado algo con más guasa todavía. Braulio Diez lo recoge en su artículo: la propia web de OpenAI estuvo caída durante el anuncio de GPT-6 2. Ni en el escaparate del día grande.

Esto no es un ataque a nadie. Es cómo funciona el software cuando crece rápido y lo usa medio planeta. La diferencia es que hasta hace dos años una caída de un servicio de IA te dejaba sin juguete, y hoy, en muchas empresas, te deja sin una parte del trabajo hecho. Ese salto ha ocurrido en silencio y casi nadie lo ha metido en su plan de contingencia.

El plan B que sí cabe en una pyme

No hace falta montar una redundancia de banco. Hace falta contestar cuatro preguntas por escrito, una tarde, y dejarlas donde alguien las encuentre.

Primera: ¿qué tareas de aquí dependen hoy de un modelo externo? Contestar correos de clientes, resumir partes, clasificar facturas, redactar presupuestos. Si la respuesta es «no lo sé», ese es el hallazgo del día.

Segunda: ¿cuánto aguanto sin ellas? Tres horas de resúmenes internos parados no es nada. Tres horas con el canal de atención al cliente mudo, sí.

Tercera: ¿cuál es el modo manual? El de antes. Si ya nadie recuerda cómo se hacía, es que has automatizado algo sin dejar la puerta de atrás abierta.

Cuarta: ¿cómo me entero? Cada proveedor publica una página de estado y deja suscribirse a los avisos. Que lleguen a una persona de la casa, no a un buzón que no lee nadie. Te dejo las tres abajo.

Y hay una decisión de fondo, la única que cuesta dinero: si el proceso es crítico, quiere dos proveedores. No dos porque queden bien en una diapositiva, sino porque el día que uno no responde, el otro contesta. Es la misma lógica que tener dos líneas en una tienda con TPV.

El aviso que iba en letra pequeña

El artículo de Braulio no va de la caída. La caída es la anécdota que le sirve para hablar de la velocidad. Cita un análisis de GitClear sobre 623 millones de cambios de código según el cual la refactorización —volver sobre lo escrito para dejarlo mejor— cayó del 21% en 2022 al 3,8% en 2026, mientras los bloques duplicados subían un 81% desde 2023 2.

Su tesis, y el título se la resume él solito, es que estamos produciendo cosas que se ven impecables por fuera y son frágiles por dentro. Yo no me creo que ese dato cierre el debate: medir «calidad» contando refactorizaciones es una aproximación, no una verdad revelada, y lo digo como opinión mía. Pero la dirección en la que señala me parece correcta.

Porque las dos historias son la misma. Un apagón de tres horas no se lleva por delante a ninguna empresa seria. Lo que se lleva cosas por delante es haber construido encima de algo rápido sin preguntar nunca qué pasa cuando falla. Y eso no se arregla contratando a otro proveedor: se arregla con una tarde de papel y boli.

Mi lectura

Yo no sacaría de aquí que hay que desconfiar de la IA. Sacaría que ya es infraestructura, y a la infraestructura se le pregunta por el plan B antes de necesitarlo, no durante. Lo que no me creo es el reflejo de «contrato dos proveedores y listo»: si no sabes qué procesos dependen de cuál, duplicar te duplica la factura y no la tranquilidad.

Rubén Marqués

Para quién

  • Si diriges una gestoría: ordena qué tareas de cierre y de atención al cliente pasan hoy por un modelo externo, y escribe al lado cómo se hacían antes.
  • Si llevas un hotel: el chatbot de reservas es el que más se nota si cae en fin de semana; deja a mano un teléfono y una plantilla de respuesta.
  • Si trabajas en un taller o una tienda: pide que los avisos de estado del proveedor lleguen a alguien concreto y no a info@; enterarte veinte minutos antes que el cliente ya es media victoria.

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Fuentes

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